INVERSIÓN DEL BALANCE DE CARBONO EN LOS ECOSISTEMAS TERRESTRES DE MÉXICO PROVOCADA POR LA SEQUÍA
El cambio climático está incrementando la frecuencia e intensidad de las sequías, afectando procesos ecosistémicos fundamentales y alterando el balance de carbono entre la biosfera y la atmósfera. México constituye un caso particularmente relevante debido a su marcada heterogeneidad climática y ecológica, así como a la amplia distribución de ecosistemas áridos y semiáridos. En este contexto, el objetivo de este estudio fue evaluar el efecto de eventos de sequía sobre los flujos de carbono de los ecosistemas terrestres de México durante el periodo 2000–2019, con énfasis en la producción neta del bioma (NBP), indicador del balance neto de carbono de los ecosistemas.
Se utilizaron simulaciones de 19 modelos dinámicos de vegetación global (DGVMs) pertenecientes al ensamble TRENDY v9, correspondientes a las simulaciones S3, que incorporan los efectos del CO₂, clima y cambio de uso de suelo. Se analizaron los principales componentes del ciclo del carbono, incluyendo la producción primaria bruta (GPP), producción primaria neta (NPP), respiración heterotrófica (RH), intercambio neto del ecosistema (NEE) y NBP. La variabilidad hidroclimática se caracterizó mediante datos de precipitación del conjunto CRU TS 4.08. Los años secos se identificaron cuando la precipitación anual se encontró por debajo de un umbral definido como la media del periodo menos una desviación estándar, resultando en 2001, 2009 y 2011. Se realizaron análisis de variabilidad temporal, correlaciones entre variables climáticas y flujos de carbono, y análisis espacial de NBP y sus anomalías durante años secos.
Durante 2000–2019, México funcionó, en promedio, como un sumidero terrestre moderado de carbono, con un NBP de 23 ± 60 Tg C año⁻¹. La GPP promedio fue de 2138 ± 143 Tg C año⁻¹. Durante los años secos, la GPP disminuyó 8.1 %, mientras que la NPP se redujo 10 %, reflejando una disminución de la asimilación de carbono asociada con la disponibilidad limitada de agua. Como consecuencia, el NBP disminuyó hasta −47 ± 47 Tg C año⁻¹, indicando un cambio temporal de sumidero a fuente neta de carbono. Las anomalías negativas de NBP se distribuyeron ampliamente en el territorio nacional, evidenciando que la sequía afecta el balance de carbono en distintas regiones climáticas. Los mayores valores de captura se localizaron principalmente en el sureste, particularmente en la península de Yucatán, mientras que las principales zonas con balances negativos se concentraron en regiones del noroeste y sectores del sureste.
Estos resultados muestran que la disponibilidad de agua constituye un factor determinante de la dinámica del carbono en México. La reducción de la productividad durante años secos, aunada a una disminución proporcionalmente menor de los procesos de respiración y liberación de carbono, puede debilitar significativamente la capacidad de los ecosistemas para funcionar como sumideros. Por ello, un incremento futuro en la frecuencia e intensidad de las sequías podría reducir la estabilidad del sumidero terrestre mexicano y modificar su contribución a la regulación climática.