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Reunión Anual UGM 2026


 Resumen número: 0625  |  Resumen en espera de aceptación 
Presentación oral

Título:

EVIDENCIA LIQUENOMÉTRICA EN DEPÓSITOS DE LAHAR, BARRANCA DE JAMAPA, VOLCÁN PICO DE ORIZABA, MÉXICO

Autores:

1 Jesús Alcalá Reygosa
Departamento de Geografía, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Madrid
jesus.alcala@uam.es

2 José Luis Macías
Instituto de Geofísica, Unidad Michoacán, Universidad Nacional Autónoma de México
jlmacias@igeofisica.unam.mx

3 Teodoro Carlón Allende ← Ponente
SECIHTI-Instituto de Geofísica, Unidad Michoacán, Universidad Nacional Autónoma de México
tcarlon@igeofisica.unam.mx

4 Juan Manuel Sánchez
Instituto Politécnico Nacional-CIIEMAD
sanchez0120@gmail.com

5 Ricardo Saucedo
Instituto de Geología, Universidad Autónoma de San Luis Potosí
rgiron@uaslp.mx

6 Guillermo Cisneros Máximo
Instituto de Geofísica, Unidad Michoacán, Universidad Nacional Autónoma de México
gcisneros@igeofisica.unam.mx

7 José Luis Arce
Instituto de Geología, Universidad Nacional Autónoma de México
jlarce@geologia.unam.mx

8 Salvador Fernández
Instituto de Geofísica, Unidad Michoacán, Universidad Nacional Autónoma de México
salvador9726@gmail.com

Sesión:

RN Riesgos naturales Sesión regular

Resumen:

Los lahares son uno de los procesos geomorfológicos más frecuentes en barrancas volcánicas, pero su registro a escala secular suele ser incompleto, ya que las fuentes históricas y los archivos dendrogeomorfológicos solo preservan una parte de la actividad pasada. La barranca de Jamapa, en el flanco norte del Pico de Orizaba, conserva una secuencia de depósitos y superficies deposicionales de lahar previamente caracterizada mediante análisis estratigráfico y dendrogeomorfológico. En este trabajo se evalúa el potencial de la liquenometría para ampliar ese marco cronológico y reconocer superficies preservadas de mayor antigüedad. Se midieron 65 talos de Rhizocarpon geographicum distribuidos en cuatro puntos de muestreo. Los diámetros máximos se transformaron en estimaciones de edad mínima mediante la tasa de crecimiento de 0.23 mm año⁻¹ establecida en el Iztaccíhuatl y posteriormente contrastada en superficies deglaciadas del Pico de Orizaba.

Las edades oscilan entre ca. 90 y 370 años, la mayoría de las edades oscilan entre ca. 130 y 300 años. Las edades más jóvenes de los árboles reportadas son de 67–79 años, que no se corresponden con las edades de los líquenes, mientras que cinco estimaciones superan la edad mínima de 292 años definida por la cronología arbórea más antigua. Las diferencias entre lóbulos muestran que las superficies preservadas no forman una unidad cronológicamente homogénea, sino que representan múltiples generaciones de lahares con historias de estabilización distintas. Debido a las incertidumbres asociadas al establecimiento, crecimiento y supervivencia de los líquenes, las edades se interpretan como cronologías mínimas y relativas, no como edades exactas de eventos individuales. La integración de la liquenometría con el marco estratigráfico y dendrogeomorfológico revela un registro geomorfológico temporalmente heterogéneo y evidencia la complementariedad de ambos archivos biológicos para reconstruir la deposición, el retrabajamiento y la preservación diferencial de las superficies de lahar en barrancas volcánicas de alta montaña.





Reunión Anual UGM 2026
Del 26 al 30 de Octubre
Puerto Vallarta, Jalisco, México